Inteligencia Emocional: la base invisible de la comunicación asertiva

En el entorno laboral, saber qué decir no basta. La diferencia entre ser escuchado y generar conflicto radica en cómo gestionamos lo que sentimos al comunicar.

Por Vera Pérez Linares — Gerente General Sintonía Consultora:

¿Cuántas veces hemos presenciado una conversación que debía ser constructiva y terminó convirtiéndose en un conflicto? La mayoría de los quiebres en la comunicación no provienen de la falta de claridad mental, sino de una gestión de la reacción a la emoción insuficiente. Daniel Goleman (1995), referente mundial en inteligencia emocional, sostiene que la comunicación efectiva depende en gran medida de la capacidad de reconocer y regular las emociones propias y ajenas antes de hablar.

La asertividad que es expresar ideas con firmeza y respeto sin agredir ni someterse, no es solo una habilidad verbal. Como señala Robert Alberti (1977), la asertividad es ante todo una actitud de respeto hacia uno mismo y hacia los demás. Ese equilibrio solo es posible cuando existe autoconciencia y autorregulación emocional.

Desde mi experiencia profesional como coach y consultora, he podido constatar que la base sólida para fortalecer la cultura de cualquier organización es trabajar primero el liderazgo de sí mismo, sustentado en la inteligencia emocional. Cuando las personas son más conscientes de la importancia de esta capacidad, están en condiciones de generar conversaciones constructivas, respetuosas y orientadas al bien común. Esto impacta directamente en un clima organizacional favorable que permite alinear esfuerzos y alcanzar con mayor solidez los objetivos estratégicos propuestos.

Los datos respaldan esta relación. Un estudio de Chávez-Vásquez et al. (2024) sobre directivos de instituciones educativas públicas encontró que la inteligencia emocional explica el 54.3% de la variabilidad en la comunicación efectiva. Por su parte, el trabajo de Sáez y colaboradores (2023), realizado con personal de salud, halló una correlación positiva y significativa entre regulación emocional y asertividad, demostrando que quien maneja sus reacciones internas logra transmitir sus puntos de vista con mayor claridad, respeto y firmeza. El estudio también reveló que más de la mitad de los participantes, aunque contaban con buena formación técnica, presentaban dificultades para expresar lo que necesitaban o pensaban, justamente por no haber desarrollado las competencias emocionales necesarias.

Goleman, en su investigación publicada en La práctica de la inteligencia emocional (1998), analizó 181 modelos de competencias de empresas de todo el mundo y concluyó que el 67% de las capacidades necesarias para un desempeño sobresaliente en puestos directivos corresponden a competencias emocionales, superando ampliamente el coeficiente intelectual y las habilidades técnicas.

Para las áreas de Gestión Humana, esto significa que capacitar en comunicación asertiva sin trabajar la inteligencia emocional es incompleto y, muchas veces, poco duradero. La verdadera transformación ocurre cuando las personas aprenden a pausar, sentir, comprender y luego hablar. Esa es la comunicación que construye confianza, fortalece equipos y mejora el clima laboral.

La inteligencia emocional es el cimiento de una comunicación asertiva.


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