No todo está bien, y está bien decirlo

Por Daniel Vivar:

Hace unos meses, me di cuenta de algo que me costó aceptar: no estaba bien. No era un mal día ni una racha de cansancio. Era algo más profundo. Mi mente seguía corriendo a mil por hora, pero mi energía no la seguía.

Había cumplido objetivos, cerrado proyectos, acompañado a otros en sus procesos… pero, cuando me quedaba solo, todo se sentía pesado. No era tristeza, era saturación. Y lo más difícil fue admitirlo. Porque desde mi rol, y desde la imagen que muchas veces se proyecta, se espera que siempre tengas respuestas, que motives, que sostengas, que estés “entero”.

Pero a veces, ni el liderazgo ni la vocación alcanzan cuando la mente necesita una pausa.

El silencio que grita

Recuerdo un día en particular: abrí el correo, miré la pantalla y no pude escribir una sola línea. Tenía en mente todo lo que debía hacer, pero el cuerpo no respondía. No había urgencia externa, solo un ruido interno imposible de ordenar.

En ese momento entendí que el cuerpo avisa cuando la mente no puede más. Y que callar ese aviso, por orgullo o miedo, solo alarga la caída.

Decidí hacer algo distinto: parar. No para renunciar a mis responsabilidades, sino para reconectarme conmigo mismo. Salir a caminar sin audífonos. Respirar antes de responder. Dormir sin culpa. Y sobre todo, hablar. Nombrar lo que me pasaba.

Hablemos más (y juzguemos menos)

En el trabajo, y también fuera de él, hablamos mucho de resultados, de productividad, de impacto. Pero pocas veces hablamos de cómo estamos realmente. Decimos “todo bien” por reflejo, aunque sepamos que no lo está.

Según la OMS, 1 de cada 4 personas experimentará algún problema de salud mental a lo largo de su vida. Y sin embargo, seguimos creyendo que el cansancio se cura con café y motivación.

He aprendido que cuidar la mente también es liderar con coherencia. Porque si queremos equipos empáticos, necesitamos líderes que también sepan decir “hoy no puedo más”. No para rendirse, sino para humanizar el trabajo.

Lo que me recordó esta pausa

  1. Reconocer que estás cansado no te hace débil. Te hace consciente.
  2. Pedir ayuda no te resta autoridad. Te devuelve humanidad.
  3. Desconectarte no es perder el tiempo. Es recuperarte para seguir mejor.

Hoy sigo aprendiendo a escucharme. Y entendí que no todo está bien, y está bien decirlo. Porque cuando lo decimos, abrimos espacio para que otros también se atrevan a hacerlo.

Cuidar la salud mental no es un lujo, ni una moda, ni un tema de RRHH. Es una forma de respeto hacia uno mismo y hacia los demás. Porque detrás de cada líder, hay una persona. Y esa persona también necesita respirar.


SUSCRÍBETE a Info Capital Humano y entérate las últimas novedades sobre el sector de Recursos Humanos. Conoce más, aquí.

Etiquetado: