¿Y tú, qué haces estos días?

Por Giovanni Sissa:

Cuando me reúno con amigos, tarde o temprano aparece la pregunta: “¿y tú, qué haces estos días?”. Durante mucho tiempo respondí lo mismo, “soy coach”, y lo que venía después eran caras de admiración (algunas), de curiosidad (otras) y de confusión (la mayoría). Un amigo, tratando de ayudarme, lo resumió así: “¡Ah, ayudas a las personas a ser mejores!”. Ahí se confirmó algo que venía sospechando hace tiempo. No queda claro qué es el coaching.

Entonces, si ni mis amigos lo tienen claro, ¿qué es lo que realmente hago?

Esa pregunta empezó a mover mis creencias. Soy coach PCC de la ICF, lo que implica al menos 500 horas de vuelo y un examen bastante riguroso (de solo recordarlo me duele la cabeza). No le quito valor; pero me di cuenta de que quién soy depende menos de esa credencial que de lo que quiero lograr: conectar con personas para que podamos imaginar posibilidades.

Imaginar posibilidades. Veo que mis clientes, todos muy competentes, suelen decidir dentro de un espectro pequeño de opciones, como si estuvieran convencidos de que son pocas y solo les tocara elegir entre ellas. Lo mío va en la dirección contraria: ayudarte a ver todo aquello que puede ser posible para ti y que el día a día, la urgencia, no te deja ver.

Pienso en una clienta que llegó contenta con su organización, pero con dudas y sin un camino claro. Sentía que su rol no era necesario y que sus habilidades humanas, las de relacionamiento, no eran valoradas; por eso se debatía entre qué curso tomar para adquirir capacidades que sí lo fueran. Nunca se había planteado otra pregunta. ¿Y si el problema no eran sus habilidades, sino el lugar donde las estaba poniendo? Cambió de rubro y de empresa. Hoy es gerente general y, lo más importante, está feliz, porque siente que lo que ella es conecta con su nueva organización.

Eso es lo que pasa cuando ves que tienes más posibilidades: dejas de tomar decisiones en automático, elevas tu consciencia y eliges con propiedad entre más y mejores opciones, muchas de las cuales antes ni existían para ti, porque nadie se había detenido a mirarlas contigo. Con la consciencia viene la apropiación (eso que en las empresas llamamos accountability). Y con la apropiación, una vida coherente.

Conozco a muchos coaches que se definen menos por lo que hacen, ser coach o consultor, y más por lo que entregan: acompañamiento, perspectiva, ilusión. Yo me reconozco en tres cosas.

Amplificador de opciones. Es lo que más hago y lo que más disfruto. No llego con la respuesta; ayudo a que aparezcan las preguntas que la urgencia tapa, para que la persona vea un mapa más grande que el que trajo a la primera sesión.

Acompañador de ilusiones. Sé que la palabra puede sonar blanda en una revista de negocios, y aun así la elijo. Ayudar a alguien a conectar con lo que de verdad le importa también es parte del trabajo, y a veces es la parte que destraba todo lo demás.

Compartidor de experiencias, a veces. Sí, a veces me salgo del rol estricto de coach para contar algo propio. Podría decir que esa experiencia viene de las finanzas, de Gestión de Personas o de la industria farmacéutica, y algo de eso hay; pero la que más uso es la que tengo sobre la naturaleza humana, sobre las motivaciones, inquietudes y emociones de los demás. Cuando comparto una anécdota, la intención es siempre la misma: que el otro amplíe sus opciones y decida con más consciencia.

Como supervisor de coaches, escucho esto una y otra vez; no recuerdo a uno solo que no me haya dicho que ayuda desde varios ángulos. No siempre se puede acompañar desde un coaching cien por ciento químicamente puro, y a veces hace falta echar mano de la mentoría o de la consultoría. Está bien. La propia ICF lo reconoce en su Código de Ética: muchos traemos otros oficios por nuestra formación o experiencia, y lo que nos pide es decirle al cliente cuándo estamos actuando en un rol distinto. Yo lo leo menos como un permiso y más como una condición. Si el cliente sabe qué es coaching, qué es mentoría y qué es consejo, puede elegir desde qué ángulo quiere que lo ayude. No es coaching o experiencia; es la experiencia al servicio de que el cliente elija mejor.

Puedo estar equivocado, pero creo que a los clientes les sirven más los coaches honestos sobre cuándo cambian de sombrero que los coaches impecables. Este texto es un homenaje a todos ellos: coaches, mentores y consultores que decidieron acompañar a otros a encontrar su mejor versión, ampliar sus posibilidades y vivir con más consciencia.


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