Persona corporativa

Por Luciano Flores:

Existe una frase que ha ido tomando cada vez más importancia en las empresas: el cliente al centro. Pero, más que una frase, es parte sustancial de una filosofía de negocio; es decir, conocer a nuestros futuros o potenciales clientes más allá del género, edad y nivel socioeconómico.

Está comprobado que configurar a nuestros clientes desde esa cuadratura no lleva a nada. Las audiencias cambiaron: los gerentes pueden manejar reuniones de directorio y, por las noches, practicar con su banda de rock. Un ama de casa puede tener su propio emprendimiento mientras acompaña a sus hijos a realizar las tareas. Un joven puede estudiar y, en paralelo, ser un experto inversionista de bolsa.

Viendo así las cosas, la pregunta que asoma es: ¿los colaboradores están al centro en sus empresas? Decimos que son la razón de ser, el corazón de la corporación, pero ¿realmente los conocemos?. Haciendo un cálculo rápido, un colaborador promedio está presente en su oficina 9 horas diarias, 180 horas al mes. Un equipo de trabajo comparte, interactúa y vive más tiempo con sus compañeros que con sus propias familias o amigos. Resulta acertado pensar en quiénes somos durante todo ese tiempo. Desde mi visión como comunicador y coach ontológico surge lo que llamo la Persona Corporativa. Un ente de quien se espera efectividad, puntualidad y, sobre todo, resultados. Partiendo de esa mirada, la Persona Corporativa solo es entendida desde su respuesta profesional, pero ¿qué hay detrás de todo eso? ¿Con quién realmente hablamos todos los días? El coordinador a quien le pedimos de manera urgente una proyección de ventas no es, al mismo tiempo, un padre agobiado por las deudas. La secretaria a la que se le exige mayor celeridad en sus entregas no es acaso la misma que debe levantarse a las 6 de la mañana para poder alistarse, hacerle la lonchera a su hijo y tomar dos microbuses atestados de personas, padeciendo el tráfico limeño, para llegar puntual y sonriente a su puesto de labores.

Hoy los líderes están llamados a derribar el concepto de la Persona Corporativa y ver más allá de lo que el protocolo manda. Apoyarse en un trabajo en conjunto donde el coaching de equipos aglutine las diferentes miradas de los trabajadores y así entender su sentir, pensar y actuar. Aportar una visión objetiva por parte de un coach entre los líderes y sus equipos logrará destrabar el trabajo diario y sumarle una fluidez que busca resultados, no únicamente desde una fría eficiencia sino desde un humanismo empático.

Si hay algo que aprendí formándome como coach, era a mirar más allá. Descubrir que una frase en apariencia común, un comentario que parece inofensivo o un rostro lleno de silencios, dicen mucho más de lo que creemos. Quedarnos en la forma es lo más sencillo, pero afrontar las conversaciones de un equipo de trabajo, por más incómodo que pueda parecernos, es un paso valiente y firme para poner a nuestros colaboradores al centro.


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