El rol del líder en el sector hospitalidad trasciende la gestión de resultados; es el arquitecto de un entorno donde la empatía, la claridad y la coherencia transforman la presión operativa en oportunidades de crecimiento y cohesión para equipos diversos.

En un sector caracterizado por la alta exigencia y la variabilidad operativa, la gestión del talento requiere de una visión que combine la agudeza técnica con una profunda sensibilidad humana. Giovanni Beltrán, Gerente de Recursos Humanos Multipropiedad en Marriott, sostiene que el liderazgo es el pilar fundamental que sostiene el clima laboral. Para Beltrán, el éxito de una organización no reside únicamente en sus herramientas de HR, sino en la capacidad de sus líderes para actuar como embajadores culturales, modelando comportamientos que generen confianza y sentido de pertenencia en cada nivel de la operación.
En esta entrevista, exploramos cómo la labor de Recursos Humanos debe enfocarse en equipar a los líderes con competencias críticas —como la asertividad y la adaptabilidad— para navegar la incertidumbre y gestionar equipos multigeneracionales. Giovanni analiza la necesidad de integrar indicadores de gestión humana en los objetivos formales del negocio y reflexiona sobre por qué el liderazgo debe ser visto como una palanca estratégica que define tanto la experiencia del colaborador como la reputación de la marca empleadora en el mercado actual.
- Desde tu experiencia liderando la gestión de personas en organizaciones del sector hospitality, ¿qué rol juega el liderazgo en la construcción y sostenimiento de un clima laboral saludable, especialmente en entornos con múltiples unidades y realidades operativas?
Desde mi experiencia liderando la gestión de personas en el sector hospitalidad, he aprendido que el liderazgo es el pilar que sostiene cualquier esfuerzo por construir un clima laboral saludable. Sin liderazgo cercano, coherente y humano, ninguna herramienta de RR. HH., por más robusta que sea, logra generar un impacto sostenido.
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En organizaciones con múltiples unidades y realidades operativas, este rol se vuelve aún más crítico. Cada hotel, cada equipo y cada turno vive dinámicas distintas, y por ello el liderazgo debe ser flexible, contextual y profundamente consciente de esas diferencias. Mi experiencia me ha demostrado que los líderes que escuchan, que se involucran en el día a día y que modelan los valores de la compañía son quienes realmente logran conectar a los equipos con un propósito común, incluso cuando las operaciones puedan llegar a ser muy diversas.
Personalmente, creo firmemente en que el liderazgo no se trata de tener todas las respuestas, sino de crear las condiciones para que las personas se sientan valoradas, seguras y capaces de dar lo mejor de sí. Cuando un líder actúa con humildad, consistencia y claridad, el clima laboral deja de depender de factores externos y se convierte en una consecuencia natural de la cultura que se construye en equipo.
- En contextos de alta exigencia operativa como el sector hospitality, ¿cómo puede el liderazgo evitar que la presión del día a día termine deteriorando el clima laboral y el compromiso de los equipos?
En un sector tan dinámico y exigente como el de la hospitalidad, la presión operativa es parte del día a día. Sin embargo, he aprendido que lo que realmente marca la diferencia no es la ausencia de presión, sino la manera en que el liderazgo la gestiona y la transforma para que no erosione el clima laboral ni el compromiso del equipo. En este contexto, el líder tiene la responsabilidad de conectar de manera honesta con las personas, reconociendo la realidad operativa sin perder la calma ni la capacidad de orientar.
Siempre he creído que es en los momentos más difíciles donde se revela el verdadero temple de un líder. La serenidad, la experiencia y la coherencia permiten convertir situaciones complicadas en escenarios manejables. Cuando un líder transmite claridad y estabilidad, el equipo encuentra un ancla emocional que reduce la tensión y facilita la toma de decisiones.
Pero para que esto sea sostenible, es indispensable identificar y desarrollar líderes empáticos, capaces de escuchar, comprender y acompañar. La empatía no es un rasgo ‘blando’; es una competencia estratégica que impacta directamente en la retención y en la cultura. Y esa cultura debe alejarse del enfoque de buscar culpables y orientarse hacia la construcción de soluciones. Cuando los equipos saben que pueden equivocarse, aprender y avanzar, se fortalece la confianza y con ello el compromiso.
En resumen, el liderazgo en el sector de la hospitalidad no debe ser un amplificador de la presión, sino un regulador que la convierte en oportunidades de cohesión, aprendizaje y crecimiento. Equipar a los líderes con competencias humanas, técnicas y emocionales no solo protege el clima laboral; también hace que las operaciones sean más resilientes y consistentes en el tiempo.
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- Desde la función de Recursos Humanos, ¿cómo se puede trabajar para asegurar que los líderes actúen como verdaderos embajadores de la cultura organizacional y no solo como gestores de resultados?
Desde Recursos Humanos tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que los líderes no solo gestionen resultados, sino que se conviertan en verdaderos embajadores de la cultura organizacional. Y esto empieza por reconocer que los líderes son los principales multiplicadores de la cultura: cuando impactamos, formamos y motivamos a un líder, estamos influyendo de manera directa en cada persona de su equipo. No existe un líder motivado que no genere un impacto positivo y visible en su entorno.
Para que esto ocurra de forma consistente, es fundamental desarrollar programas que fortalezcan sus competencias humanas, su capacidad de modelar comportamientos y su comprensión del propósito de la organización. La cultura no se transmite por presentaciones o afiches; se transmite por la forma en que los líderes toman decisiones, gestionan la presión diaria, escuchan, reconocen y acompañan.
Otro aspecto clave es hacer visible y medible la cultura. Si los objetivos vinculados al clima, la experiencia del asociado o la gestión del talento no están integrados en el Balanced Scorecard o en la evaluación de desempeño, corremos el riesgo de enviar un mensaje incoherente sobre lo que realmente es prioritario para la organización. Cuando estos indicadores forman parte de la gestión formal —al igual que los financieros o los operativos—, los líderes entienden que la cultura no es un complemento, sino un factor de éxito.
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Finalmente, la coherencia del mensaje es esencial. Las personas observan más de lo que escuchan; por ello, la narrativa corporativa debe estar alineada con las prácticas diarias. Cuando Recursos Humanos y la Alta Dirección hablan el mismo lenguaje, refuerzan los mismos comportamientos y reconocen las acciones que construyen cultura, los líderes se sienten acompañados y adoptan ese rol con convicción.
Nuestra misión en RR. HH. no es solo formar líderes competentes, sino líderes que encarnen la cultura en cada decisión. Cuando esto ocurre, la cultura deja de ser un concepto aspiracional y se convierte en una ventaja competitiva intangible pero poderosa.
- ¿Qué competencias de liderazgo considera hoy críticas para gestionar equipos diversos, multigeneracionales y con expectativas cambiantes frente al trabajo?
En un entorno donde los equipos son cada vez más diversos, multigeneracionales y con expectativas laborales en constante evolución, considero que hay cuatro competencias de liderazgo que hoy son críticas.
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La primera es la empatía, porque permite comprender las motivaciones, necesidades y realidades de cada colaborador. Un líder empático reconoce las diferencias y genera conexiones genuinas, lo que fortalece la confianza y el sentido de pertenencia.
La segunda es la asertividad, indispensable para comunicar con claridad, dar retroalimentación efectiva y establecer límites saludables sin perder el respeto ni la apertura al diálogo. La asertividad contribuye a un clima laboral donde las expectativas son claras y compartidas.
La tercera es la alta adaptabilidad, una capacidad esencial cuando se gestionan equipos con estilos, ritmos y prioridades diferentes. Un líder adaptable entiende que no hay un único enfoque para motivar, y ajusta su estilo según el contexto y las personas.
Y finalmente, el manejo del cambio, porque las organizaciones evolucionan con rapidez y los equipos buscan líderes que sepan guiar en la incertidumbre. Un líder que gestiona el cambio con transparencia y consistencia se convierte en un referente de estabilidad.
Estas competencias no solo permiten gestionar la diversidad; también fortalecen culturas más inclusivas, ágiles y preparadas para los desafíos actuales del sector de la hospitalidad.
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- Finalmente, ¿por qué cree que hoy el liderazgo debe entenderse no solo como una capacidad individual, sino como una palanca estratégica para la experiencia del colaborador y la reputación de la marca empleadora?
Hoy el liderazgo debe entenderse no solo como una capacidad individual, sino como una palanca estratégica porque su impacto va mucho más allá de la gestión operativa. El líder tiene un alcance que muchas veces se subestima: es creador de cultura, moldeador de comportamientos y, si no se le acompaña adecuadamente, puede incluso generar subculturas que no reflejan los valores de la organización. Por eso su rol es estratégico y profundamente potenciador.
Cuando fortalecemos al líder, influimos en toda la experiencia del colaborador. Un líder que comunica con claridad, que reconoce, que acompaña y que gestiona la presión con coherencia transforma la percepción del empleado sobre su trabajo, su equipo y la organización. En ese sentido, trabajar con los líderes no es solo desarrollar habilidades individuales; es invertir en la calidad del clima laboral y en la consistencia de la cultura.
Además, en un mercado laboral donde la reputación de marca empleadora es determinante, el liderazgo se convierte en un activo clave. La experiencia cotidiana que vive un colaborador con su líder es, en gran medida, lo que define su nivel de compromiso, su recomendación como empleador y su permanencia. Por ello, impactar en el líder no es un esfuerzo aislado: es una decisión estratégica que fortalece la propuesta de valor al colaborador y asegura una marca empleadora más auténtica, coherente y sostenible.
Finalmente, la visión de Giovanni Beltrán subraya que el liderazgo no es un esfuerzo aislado, sino una decisión estratégica que impacta directamente en la sostenibilidad del negocio. Al transformar al líder en un regulador emocional capaz de absorber la presión y devolver claridad, la cultura organizacional deja de ser un concepto aspiracional para convertirse en una ventaja competitiva tangible. Invertir en el desarrollo humano de quienes dirigen equipos es, en última instancia, asegurar una propuesta de valor auténtica que fortalece el compromiso y la resiliencia de toda la organización.
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