
Por Manuel Roca, Psicólogo Organizacional:
Permítanme abordar nuevamente este tema: el rol operativo que actualmente limita al trabajador social dentro de las organizaciones necesita una profunda revisión. Esta vez lo haré presentando evidencias concretas, comparaciones esclarecedoras y una perspectiva propositiva que busca sumar a una conversación que ya no debería postergarse.
Recientemente analice un aviso laboral para el puesto de Asistente Social en una empresa agroindustrial. El anuncio detallaba funciones como la gestión de subsidios ante EsSalud, control de licencias, manejo de reembolsos, capacitación legal y atención de casos de hostigamiento laboral. En paralelo, revisamos el contenido de un programa de especialización profesional que, lejos de romper ese molde, reforzaba exactamente el mismo enfoque normativo, administrativo y legal.
Y entonces surgen las preguntas obligadas: ¿Dónde está la tecnología? ¿La inteligencia artificial no podría automatizar el 80% de esas tareas? ¿Por qué seguimos desaprovechando el verdadero potencial del trabajador social?
Lo que hoy vemos en la mayoría de organizaciones es un enfoque asistencialista, centrado en el cumplimiento de trámites y la atención reactiva. No se promueve un rol estratégico, no se diseñan indicadores de bienestar, no se los incluye en los espacios donde se define la cultura organizacional. El trabajador social es muchas veces “el que gestiona subsidios”, cuando podría ser “el que transforma el clima laboral”.
Ejemplos sobran. Mientras una empresa enfrenta una alta rotación por estrés laboral, el trabajador social sigue enfocado en revisar certificados médicos. Mientras el ausentismo se dispara por ansiedad y desmotivación, el enfoque sigue siendo controlar los formatos para solicitar descansos. Mientras los líderes piden acompañamiento emocional para sus equipos, el área social continúa enterrada en procesos de reembolso y trámites ante EsSalud.
En otra empresa del sector retail, el área de Recursos Humanos detectó que los colaboradores del área de ventas sufrían agotamiento emocional y desmotivación por falta de reconocimiento. ¿Dónde estaba el trabajador social? Dando charlas sobre subsidios por lactancia. ¿No sería más útil que facilitara espacios de escucha activa, diseñara campañas de bienestar emocional o asesorara en el rediseño del sistema de incentivos?
En una empresa industrial, un caso de acoso laboral fue mal manejado por falta de herramientas en gestión de conflictos. El trabajador social, formado para asistir a casos individuales, no contaba con las habilidades para facilitar una intervención organizacional. ¿No debería haber sido él o ella quien diseñara un protocolo de cultura preventiva, con foco en respeto y diálogo?
La tecnología está aquí: bots conversacionales para licencias, plataformas de autogestión de beneficios, ERP con integraciones a EsSalud, analítica de bienestar emocional, dashboards con indicadores psicosociales. Pero falta algo fundamental: una voluntad institucional para empoderar y redefinir el rol.
Y aquí hay otro punto crítico: los centros universitarios están desfasados. Siguen formando profesionales en Trabajo Social para el siglo XX. Poca o nula formación en IA, cero manejos de herramientas de gestión emocional colectiva, escasa participación en temas de cultura organizacional o acompañamiento al liderazgo. Enseñan a intervenir casos, pero no a diseñar estrategias de bienestar sostenible.
¿Cómo es posible que en un curso especializado —que debería preparar para el futuro— se repitan contenidos exclusivamente operativos? ¿Realmente queremos un cambio? ¿O preferimos mantener al trabajador social en la zona cómoda de la tramitación, sin incomodar estructuras ni liderar procesos de transformación?
El Trabajador Social Organizacional 4.0 es un profesional que diseña programas de resiliencia, que previene el burnout, que aporta en onboarding emocional, que interviene en la construcción de culturas inclusivas. Que trabaja con indicadores, entiende de KPIs humanos, y dialoga de igual a igual con Recursos Humanos, Comunicación Interna y Gerencias.
Si queremos organizaciones centradas en las personas, debemos empoderar a quienes pueden leer lo invisible, escuchar lo no dicho y construir puentes donde hay silencio. Esa persona es el trabajador social. Y ya no puede seguir siendo solo el tramitador de subsidios.
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