“Creo que ayer dije cosas que no debía”: El clásico caos de los eventos de diciembre

Por Jorge Suasnavas Montalvo:

Hay mañanas en las que uno despierta con una sola pregunta en la cabeza: “¿Hablé demasiado anoche… o solo siento que sí?” Esa sensación incómoda donde la dignidad se quedó dormida en otra casa.

En diciembre pasan cosas. Reuniones del equipo, brindis rápidos, integraciones, almuerzos, cafés, posadas, despedidas del año… y todas tienen un enemigo común: el famoso “solo un poquito más”.

Todo empieza tranquilo. Uno llega bien vestido, educado, profesional. Pero la mezcla de música, comida rica, gente relajada y un traguito de confianza… convierte cualquier conversación normal en un episodio de comedia.

La escena que casi todos han vivido

La música sube. La gente se suelta. El de sistemas baila raro. El de ventas canta. El jefe ríe. Y tú… empiezas a hablar como si estuvieras dando una charla motivacional de madrugada.

Hasta opinas de temas que nunca opinas. Estás feliz, alegre… y peligrosamente sincero.

Lo complicado llega al día siguiente

Despiertas. Miras el techo. Suspiras. Y aparece esa frase interna que da miedo: “Dios mío, ¿qué dije?”

La memoria va y vuelve como señal de wifi mala. Y uno siente que su reputación está en manos del azar.

Cuando empiezan a llegar pruebas

Siempre hay un compañero que graba todo. Ese que dice “yo te cuido”… y al día siguiente te manda un video donde estás abrazando una silla y explicando liderazgo.

Y uno solo piensa: “No puede ser…”

Cómo sobrevivir sin morir de vergüenza

Primero: entra a la oficina normal. Si te escondes, pierdes. La gente huele el miedo.

Segundo: no hagas chistes sobre lo que pasó. No digas “ayer estaba prendido”. Eso solo alimenta el fuego.

Tercero: una frase simple y elegante basta: “Ayer tomé más de la cuenta. Si molesté a alguien, discúlpenme.” Nada más. Nada de discursos largos.

Agradece al héroe silencioso

En estos eventos siempre hay alguien que te salva de hacer peores cosas. La persona que te quitó la copa, te pidió un taxi o cambió de tema cuando estabas por decir algo raro. Esa persona merece un “gracias”.

El resto del día es clave

Trabaja bien. Evita hablar del tema. Demuestra que fue un momento, no un hábito. Las acciones fuertes borran errores pequeños.

Los eventos de diciembre no suspenden el respeto ni la ética. No importa si es una fiesta, un brindis o un almuerzo relajado. Siempre hay gente que puede sentirse incómoda por un comentario fuera de lugar. La celebración no elimina la responsabilidad.

Todo el mundo tiene una historia rara de diciembre. Lo importante no es el error, sino cómo lo manejas después. Reírse un poco está bien. Aprender también. Eso construye madurez. Y reputación.


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