
Por Mirtha Cunza, PCC. Conscious Business Coach. Directora de Educación de ICF PERÚ:
Cuando empecé a practicar mindfulness pensé que sería sencillo. “Solo respirar”, me decía. Pero no… mi mente estaba acostumbrada a correr, a saltar de una tarea a otra, a llenar cada silencio con algo para hacer. Era multitasking por costumbre, por inercia.
Y les confieso algo: las primeras veces que intenté meditar, apenas cerraba los ojos… ¡me quedaba dormida! Literalmente, ni un minuto pasaba y yo ya estaba en otro mundo. Jaja. Mi cuerpo estaba tan agotado que, en cuanto encontraba un espacio de silencio, lo único que sabía hacer era apagarse. Con el tiempo entendí que ese sueño no era flojera, era una señal, una manera de mi mente y mi cuerpo de decirme “Por fin te detuviste.”
Seguí intentándolo, y poco a poco —y casi sin darme cuenta— algo empezó a cambiar. Empecé a sostener la atención, a escucharme, a estar. Y, de pronto, la vida pareció bajar la velocidad para que yo pudiera ver lo que siempre había estado ahí. Hoy puedo enfocarme en una cosa a la vez y no solo rindo mejor: termino mis tareas sin sentirme drenada, y con una sensación de descanso que antes no conocía y me siento más en paz.
Y cada vez que siento ese alivio comprendo que todo lo que mi mente necesitaba y nunca me enseñaron era a pausar, respirar, observar, sentir. Porque cuando no sabemos parar, cuando creemos que ser “multitasking” es una medalla, terminamos pagando un precio muy alto, nos desconectamos de nosotros mismos, vivimos en piloto automático, nuestra mente se satura, el cuerpo se enferma. Y así, sin querer entramos en ese monstruo silencioso que es el burnout, que no llega gritando, llega despacio, con falta de energía, irritabilidad, olvidos, insomnio, pérdida de motivación, dolores en el cuerpo, y esa sensación de que nada es suficiente y nosotros, a veces, normalizamos todo eso… hasta que un día simplemente no podemos más.
Las empresas saben que darles espacios de meditación a sus colaboradores es un ganar-ganar ya que sus trabajadores rendirán más lo que redundará en beneficio económico para la empresa.
En los tiempos actuales, la meditación no es una moda, es una necesidad, un espacio seguro donde aprendemos a reencontrar la calma.
Ojalá llegue el día en que meditar sea tan natural como aprender a leer, que ningún niño tenga que esperar a ser adulto para encontrar la calma y ojalá cada vez más personas se den permiso de cerrar los ojos…aunque al principio se duerman, jaja, porque incluso ahí empieza el camino.
SUSCRÍBETE a Info Capital Humano y entérate las últimas novedades sobre el sector de Recursos Humanos. Conoce más, aquí.










