La confianza: el nuevo activo estratégico de las organizaciones

Por Dra. Anna Traverso:
Presidenta de CEBEL | CEO Grupo Humanna | Creadora del Modelo MASBE® | Miembro de la Comisión Mundial para la Paz

Los días 29 y 30 de mayo de 2026 tuve el honor de participar en el Congreso Internacional de Ciberseguridad, Geopolítica, Paz y Bienestar realizado en Boston, Estados Unidos, un espacio que reunió a expertos internacionales para reflexionar sobre algunos de los desafíos más relevantes que enfrentan hoy las naciones, las organizaciones y las personas.

En un contexto global marcado por la transformación digital acelerada, los conflictos geopolíticos, el aumento de los riesgos tecnológicos y los crecientes desafíos en salud mental, una idea emergió con fuerza a lo largo de las distintas ponencias:

La confianza se ha convertido en uno de los activos más valiosos y, al mismo tiempo, más frágiles del siglo XXI.

Durante mi intervención, titulada “La confianza como eje del trabajo moderno: salud mental, bienestar laboral y ciberseguridad”, propuse una reflexión que considero especialmente relevante para América Latina y para el mundo empresarial peruano.

Durante años hemos abordado la salud mental, el bienestar laboral y la ciberseguridad como temas independientes.

La salud mental era vista como una responsabilidad individual.

El bienestar laboral como un beneficio corporativo.

Y la ciberseguridad como un asunto tecnológico.

Sin embargo, la evidencia actual nos muestra una realidad muy distinta.

Estos tres ámbitos están profundamente conectados por un mismo elemento: el comportamiento humano.

Detrás de cada sistema tecnológico existe una persona.

Detrás de cada decisión estratégica existe una persona.

Detrás de cada riesgo organizacional existe una conducta humana influenciada por emociones, experiencias, niveles de estrés, liderazgo y cultura organizacional.

La Organización Mundial de la Salud estima que cada año se pierden cerca de 12 mil millones de días laborales debido a la depresión y la ansiedad, generando pérdidas económicas que superan el billón de dólares a nivel mundial. Además, aproximadamente el 15% de la población en edad laboral vive con algún trastorno de salud mental.

Estas cifras no solo representan un problema sanitario.

Representan un desafío económico, social y estratégico.

Cuando una persona trabaja bajo condiciones de agotamiento, ansiedad o estrés crónico, disminuye su capacidad de atención, aumenta la impulsividad y se deteriora la calidad de sus decisiones.

Y esto tiene consecuencias que van mucho más allá de la productividad.

También impacta la seguridad de las organizaciones.

Uno de los mensajes más relevantes compartidos en el Congreso fue que gran parte de las brechas de seguridad actuales tienen un componente humano significativo.

Los ataques de phishing, por ejemplo, no buscan vulnerar sistemas tecnológicos en primera instancia; buscan vulnerar la atención, la confianza y el juicio de las personas.

Los ciberdelincuentes comprenden muy bien algo que muchas organizaciones todavía subestiman:

Las personas cansadas toman peores decisiones.

Las personas sobrecargadas detectan menos riesgos.

Las personas estresadas son más vulnerables a la manipulación.

Por ello, sostengo que la ciberseguridad ya no puede entenderse únicamente como una disciplina tecnológica.

Debe ser entendida también como una dimensión de la salud organizacional.

Una organización que descuida el bienestar de sus trabajadores incrementa su exposición a errores, incidentes y vulnerabilidades.

Una organización que fortalece su cultura, promueve liderazgos saludables y cuida la salud mental de sus equipos, fortalece simultáneamente su capacidad de prevención y resiliencia.

Pero existe un concepto aún más poderoso que conecta estos elementos.

Ese concepto es la confianza.

La confianza se construye en tres niveles fundamentales.

La primera es la confianza personal.

Aquella que permite a las personas actuar con claridad mental, equilibrio emocional y criterio.

La segunda es la confianza interna.

La que se desarrolla cuando los equipos trabajan en ambientes respetuosos, colaborativos y psicológicamente seguros.

Y la tercera es la confianza institucional.

La que permite que clientes, ciudadanos, colaboradores y comunidades crean en la capacidad de una organización para proteger sus datos, cumplir sus compromisos y actuar con integridad.

En un escenario geopolítico cada vez más complejo, donde la incertidumbre se ha transformado en una constante, las organizaciones que prosperarán serán aquellas capaces de generar confianza de manera sostenible.

No solo confianza en sus productos o servicios.

Confianza en sus liderazgos.

Confianza en sus culturas.

Confianza en la forma en que cuidan a las personas.

Desde nuestra experiencia en bienestar laboral a través del Modelo MASBE®, hemos observado que los indicadores más importantes de una organización no siempre aparecen primero en los reportes financieros o en los dashboards ejecutivos.

Aparecen cuando las personas vuelven a sentirse escuchadas.

Cuando los equipos recuperan el sentido de pertenencia.

Cuando los líderes aprenden a gestionar con humanidad.

Cuando la cultura deja de ser un discurso y se transforma en una experiencia cotidiana.

Hoy más que nunca, las organizaciones necesitan comprender que la salud mental fortalece el bienestar.

Que el bienestar fortalece la cultura.

Que la cultura fortalece la seguridad.

Y que la seguridad fortalece la confianza.

Porque en un mundo cada vez más digital, la ventaja competitiva más importante seguirá siendo profundamente humana.

Y porque la confianza no comienza en la tecnología.

Comienza en las personas.


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