Cómo discrepar con tu jefe sin morir en el intento

Por Buk:

Aceptémoslo: la época del jefe que daba golpes en la mesa y al que nadie podía contradecir ya quedó en el pasado. Hoy los líderes piden feedback, promueven políticas de puertas abiertas y buscan equipos empoderados.

Sin embargo, en el “pasillo” (o en el chat paralelo de WhatsApp mientras dura la llamada de Zoom), la historia es otra.

Decir “no estoy tan convencido de esto” sigue dando cierto vértigo. Muchas veces no es por miedo a represalias, sino por evitar la incomodidad, no sonar “pesado” o enfriar el entusiasmo del equipo.

¿El resultado? Proyectos que avanzan a ciegas porque nadie se atrevió a afinar el rumbo a tiempo.

Estar en desacuerdo no es crear un conflicto; es colaborar. La diferencia entre una crítica que cae mal y un aporte que destraba un proyecto está 100% en el encuadre.

De hecho, expertos señalan en CNBC que la clave está en eliminar de nuestro vocabulario el “estás equivocado” (demasiado antagónico) o el “eso no es una buena idea / no me hace sentido”. Hay formas muchísimo más  conciliadoras de contraponerse a una postura sin generar fricción.

A lo largo de la historia, grandes empresas han colapsado simplemente porque la alta dirección no tenía haters ni nadie que se atreviera a cuestionar el rumbo. Saber que hay un problema en el equipo es fácil; cómo decirlo sin dinamitar la buena onda es lo que diferencia a los profesionales que realmente avanzan.


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