
Por Lourdes Salvador:
“No podemos mejorar aquello que solo nos dedicamos a organizar”
Hace unos días conversaba con una analista de Recursos Humanos que me decía con orgullo:
“De lo que va del año ya hemos realizado más de 20 actividades de bienestar.”
Mientras la escuchaba, pensé que, hace algunos años, probablemente habría respondido: “¡Qué gran trabajo están haciendo!”
Pero hoy, en cambio, la pregunta que vino a mi mente en ese momento fue otra:
¿Qué cambió realmente en la experiencia diaria de las personas gracias a esas 20 actividades?
Y esa pregunta me llevó a una reflexión que quiero compartir contigo, cuando confundimos bienestar con un calendario de actividades
Durante muchos años, las organizaciones hemos asociado el bienestar laboral solo con aquello que somos capaces de organizar, como: celebraciones de cumpleaños, charlas, concursos, talleres, campañas de salud, eventos temáticos según fechas conmemorativas.
Y no me malinterpretes con lo que menciono, todas estas iniciativas tienen valor, generan espacios para conectar, reconocer, aprender y compartir.
El problema aparece cuando creemos que hacer más actividades significa necesariamente generar mayor bienestar, porque la realidad nos demuestra algo muy distinto.
Podemos tener un calendario lleno de eventos cada mes, incluso semanas o a diario y, aun así, tener colaboradores que llegan cada lunes sin motivación ¿Te has percatado de ello?
Equipos que no se sienten escuchados, Líderes que solo conversan con su gente cuando existe un problema y luego son indiferentes.
Personas que cumplen con su trabajo por la necesidad, pero dejaron de sentirse orgullosos y parte de la organización hace mucho tiempo.
Y eso sí que debería hacernos reflexionar, pero sobre todo a actuar para realizar un cambio urgente.
El bienestar no se mide por la cantidad de actividades que ejecutas en tu organización.
Imagina por un momento dos organizaciones:
La primera realiza actividades prácticamente todos los meses, entre 1 a 2 al mes.
La segunda organiza menos eventos durante el año, pero sus líderes practican la escucha activa, la empatía, reconocen los logros, fomentan la confianza, ofrecen espacios de desarrollo, dan feedback y toman decisiones pensando en las personas.
Ahora pregúntate: ¿En cuál de las dos te gustaría trabajar?
Creo que la respuesta suele ser evidente.
Porque las personas no recuerdan únicamente las actividades a las que asistieron, a veces no lo recuerdan y lo peor aún hasta lo critican.
Pero lo que sí recuerdan es cómo se sintieron trabajando allí, también si es que podían expresar sus ideas, si su líder los hacía sentir importantes, si es que eran escuchados, si tenían oportunidades para crecer, si existía respeto y si había confianza.
En otras palabras, recuerdan la experiencia que vivían todos los días.
La verdadera transformación ocurre cuando el bienestar se convierte en una cultura organizacional que la sostiene.
El bienestar laboral deja de ser una serie de acciones aisladas cuando empieza a reflejarse en la forma en que una organización trabaja, y por supuesto está conformada por personas, por eso es el reflejo de las acciones de su gente.
Cuando las conversaciones son más humanas, cuando el reconocimiento deja de ocurrir solo en aniversarios, cuando el liderazgo entiende que cuidar a las personas también es una responsabilidad del negocio, cuando las decisiones consideran no solo los resultados, sino también el impacto que generan en quienes hacen posible esos resultados, y se comparte esa sensación de logro.
Ese es el momento en que el bienestar deja de ser un programa, y comienza a convertirse en una cultura de bienestar sólida y real.
Y ahora querido Líder de Recursos Humanos, quizá debamos empezar a hacernos mejores preguntas y medir otro tipo de indicadores.
Durante años preguntamos:
• ¿Cuántas actividades realizamos este año?
• ¿Cuántas personas participaron?
• ¿Cuál fue el presupuesto ejecutado?
Hoy creo que necesitamos cambiar la conversación.
Preguntarnos, por ejemplo:
• ¿Nuestros colaboradores se sienten escuchados?
• ¿Nuestros líderes generan confianza?
• ¿Las personas encuentran sentido en lo que hacen?
• ¿La experiencia laboral mejoró respecto al año pasado?
• ¿Estamos construyendo un lugar donde las personas quieran permanecer?
Porque esas respuestas son las que realmente hablan del nivel de bienestar que vive una organización.
Ahora te hago una invitación para todos quienes lideramos el bienestar, como profesionales de Recursos Humanos, líderes y gestores de bienestar, tenemos una enorme oportunidad.
Dejar de medir únicamente lo que hacemos, y comenzar a comprender el impacto que generamos.
Las actividades seguirán siendo importantes, pero no deberían ser el destino, deberían ser el vehículo para construir culturas más humanas, organizaciones más saludables y equipos que encuentren sentido en su trabajo.
Porque, al final, el bienestar no se trata solo de llenar un calendario, sino de transformar la experiencia de las personas cada día.
Creo profundamente que el bienestar laboral no comienza cuando organizamos un evento, comienza cuando una persona siente que pertenece, que es escuchada, que puede desarrollarse y que su trabajo tiene un propósito.
Las actividades pueden abrir la puerta, pero son la cultura, el liderazgo y las relaciones humanas las que hacen que las personas decidan quedarse, comprometerse y dar lo mejor de sí.
Quizá el gran desafío para los próximos años no sea crear más iniciativas de bienestar, sino construir organizaciones donde el bienestar deje de ser una actividad y se convierta en una forma de trabajar y vivir.
Y cuando eso ocurra, estaremos mucho más cerca de alcanzar aquello que todos buscamos: la verdadera felicidad laboral.
✨ Sigamos promoviendo espacios laborales con mayor bienestar y felicidad.
✨ Juntos podemos hacer del trabajo un lugar más humano, consciente y sostenible.
Con entusiasmo sin límites.
SUSCRÍBETE a Info Capital Humano y entérate las últimas novedades sobre el sector de Recursos Humanos. Conoce más, aquí.










