Ergonomía en el entorno laboral: claves regulatorias para la elección de asientos en los centros de trabajo

El cumplimiento de las normativas de salud y seguridad en el trabajo no solo previene riesgos ocupacionales, sino que impulsa la productividad y el bienestar general de los colaboradores.

En el marco de la gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo (SST), la correcta adecuación de los puestos laborales se ha consolidado como un pilar fundamental para garantizar el bienestar de los equipos y optimizar el rendimiento organizacional. Un aspecto crítico, pero a menudo subestimado, es la elección de los asientos utilizados por el personal en sus jornadas diarias.

De acuerdo con el marco normativo vigente, específicamente detallado en el Artículo 17 de la Resolución Ministerial 375-2018-TR (Norma básica de ergonomía y de procedimiento de evaluación de riesgo disergonómico), todo mobiliario destinado al soporte del trabajador durante la ejecución de sus funciones debe cumplir con criterios técnicos estrictos para mitigar riesgos disergonómicos, tales como trastornos musculoesqueléticos y fatiga física.

Para garantizar un entorno seguro y conforme a la ley, los asientos de trabajo deben cumplir rigurosamente con las siguientes características:

  • Permitir libertad de movimientos: El diseño del asiento debe facilitar que el usuario cambie de postura y se desplace de forma natural, evitando posiciones rígidas o forzadas que afecten la salud postural.
  • Regulabilidad integral: Es indispensable que tanto la altura del asiento como el respaldo sean completamente ajustables, permitiendo la adaptación a las distintas características anatómicas de cada colaborador.
  • Estabilidad en entornos administrativos: Para labores de oficina o de índole administrativa, las sillas deben contar obligatoriamente con al menos 5 ruedas, asegurando una base firme que proporcione una estabilidad adecuada y prevenga accidentes.
  • Protección y confort de las extremidades: El asiento debe presentar un tapiz redondeado en sus bordes exteriores. Esta característica está diseñada específicamente para evitar la compresión mecánica del muslo y favorecer una óptima circulación sanguínea.
  • Soporte complementario: Se destaca la alta recomendación de que los asientos incluyan reposabrazos, un elemento clave para reducir la tensión acumulada en la zona de los hombros y el cuello.

La implementación de estas medidas va más allá de un simple requerimiento fiscalizable; representa una inversión estratégica en el capital humano. Los especialistas en salud ocupacional coinciden en que un entorno ergonómicamente óptimo reduce de manera drástica las tasas de ausentismo laboral por dolores lumbares y eleva directamente los índices de satisfacción, motivación y confort del personal.

Las organizaciones tienen hoy el desafío de auditar periódicamente sus estaciones de trabajo para asegurar que el mobiliario responda con efectividad a estas exigencias legales, promoviendo una cultura de prevención que beneficie tanto a los trabajadores como a la sostenibilidad y productividad del negocio.


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