¿Qué pasará con los trabajos junior en la era de la inteligencia artificial?

Por Borja Castelar:

Hay una pregunta que se repite cada vez más en mis conferencias: “Borja, si la inteligencia artificial va a realizar muchas de las tareas básicas, repetitivas y operativas, ¿cómo van a empezar su carrera los jóvenes?”. La pregunta es buenísima, porque, seamos sinceros, casi nadie comenzó su vida profesional tomando grandes decisiones estratégicas.

Muchos empezamos introduciendo datos en un Excel, preparando presentaciones, actualizando bases de datos, buscando información, redactando informes sencillos, respondiendo correos o realizando tareas que hoy una herramienta de inteligencia artificial puede hacer en segundos. Yo también pasé por ahí. Y aunque algunas de aquellas tareas eran bastante aburridas, tenían una función que iba mucho más allá del resultado que entregábamos: nos permitían observar, equivocarnos, entender cómo funcionaba una empresa, aprender el lenguaje de una industria, descubrir cómo pensaba un cliente y ver cómo tomaban decisiones las personas con más experiencia.

Así desarrollábamos, poco a poco, algo que no aparece de repente al cumplir diez años dentro de una compañía: el criterio profesional.

Por eso, cuando hablamos del impacto de la inteligencia artificial en los trabajos de entrada, creo que debemos evitar dos extremos. El primero es negar lo evidente y decir que no va a pasar nada. Claro que va a pasar. El segundo es asumir que toda una generación se quedará sin oportunidades. Tampoco creo que vaya a ocurrir eso.

Mi opinión es que el trabajo junior no desaparecerá, pero será profundamente rediseñado.

La inteligencia artificial está eliminando tareas antes que empleos completos

La mayoría de las posiciones profesionales no están compuestas por una sola actividad. Un analista no solo analiza: investiga, organiza información, prepara documentos, participa en reuniones, formula preguntas, interpreta resultados, presenta recomendaciones y aprende a comprender el negocio.

Un abogado junior no solo redacta contratos. Escucha al cliente, investiga precedentes, identifica riesgos, aprende cómo se negocia y observa cómo un abogado con experiencia construye un argumento. Del mismo modo, un profesional de marketing no solo escribe textos: necesita comprender al consumidor, probar hipótesis, analizar resultados, conversar con ventas y descubrir qué mensajes movilizan realmente a las personas.

La inteligencia artificial puede asumir una parte creciente de esas tareas, especialmente las más estructuradas, digitales y repetitivas. El problema es que muchas de ellas estaban concentradas precisamente en los niveles iniciales de las organizaciones.

Ahí está la verdadera tensión: ¿cómo aprende alguien cuando desaparecen las tareas con las que tradicionalmente aprendía?

Estamos eliminando algunos peldaños de la escalera profesional

Imaginemos una escalera. Durante décadas, las primeras tareas eran el primer peldaño de una carrera. No eran especialmente complejas, pero permitían acercarse al trabajo real. Después llegaban funciones con mayor autonomía, más adelante decisiones de mayor impacto y, finalmente, responsabilidades relacionadas con el liderazgo, la estrategia y el desarrollo de otras personas.

La inteligencia artificial puede eliminar varios de los primeros peldaños de esa escalera. Y aquí aparece una paradoja enorme: las empresas pueden ser más productivas hoy, pero quedarse sin profesionales preparados mañana.

Si una organización deja de contratar jóvenes porque una persona sénior con inteligencia artificial puede producir el trabajo que antes realizaban varios juniors, quizá esté optimizando los resultados del trimestre mientras destruye su futura cantera de talento. ¿Quién será el próximo profesional sénior? ¿Quién conocerá profundamente el negocio dentro de diez años? ¿Quién liderará los equipos? ¿Quién desarrollará el criterio que hoy damos por sentado?

Esto ya no es solamente un asunto de recursos humanos. Es un problema estratégico.

Sí, algunos trabajos de entrada se reducirán

No tiene sentido maquillarlo. Las posiciones cuyo valor se basaba casi exclusivamente en recopilar, trasladar, resumir o formatear información van a reducirse. Una empresa que antes necesitaba diez personas para realizar determinadas tareas administrativas quizá necesite cinco profesionales trabajando con inteligencia artificial.

En algunas áreas, parte de la contratación inicial será sustituida por herramientas que permiten a los empleados con más experiencia producir más en menos tiempo. Por eso creo que sería ingenuo decirles a los jóvenes que no tienen nada de qué preocuparse.

Pero también sería irresponsable transmitirles que ya no habrá oportunidades.

Lo que probablemente disminuya no es el empleo junior en su totalidad, sino un determinado tipo de trabajo junior: aquel basado exclusivamente en ejecutar instrucciones, mover información y completar procesos repetitivos.

Un profesional junior nunca había tenido tanta capacidad

Esta es la parte que muchas veces olvidamos. La misma tecnología que amenaza algunas posiciones de entrada puede convertir a una persona joven en el profesional junior más poderoso de la historia.

Un recién graduado con curiosidad, criterio y dominio de la inteligencia artificial puede investigar un mercado, analizar miles de datos, crear un prototipo, diseñar una campaña, preparar una propuesta comercial, programar una aplicación básica, traducir contenidos, automatizar procesos, construir una marca personal y vender sus servicios en cualquier lugar del mundo.

Antes necesitaba un equipo entero para hacer muchas de esas cosas. Hoy puede comenzar con un ordenador, acceso a buenas herramientas y una idea suficientemente valiosa.

Por tanto, la inteligencia artificial puede sustituir a algunos profesionales junior, pero también puede multiplicar de manera extraordinaria la capacidad de otros. La diferencia estará en cómo la utilicen.

Un joven que compita contra la inteligencia artificial haciendo tareas repetitivas lo tendrá muy difícil. Un joven que aprenda a trabajar con ella podrá aportar valor mucho antes que cualquier generación anterior.

Veremos más emprendedores jóvenes que nunca

También creo que estamos entrando en la mayor democratización del emprendimiento que hemos vivido. Durante mucho tiempo, crear una empresa requería capital, conocimientos técnicos, diseñadores, programadores, especialistas en marketing y una estructura relativamente grande.

Cada vez será más fácil que una sola persona cree productos y servicios con una capacidad que antes solo estaba al alcance de compañías enteras. Un profesional joven podrá identificar un problema muy específico, crear una solución apoyándose en inteligencia artificial y venderla a un mercado global.

Esto no significa que todo el mundo vaya a convertirse en emprendedor ni que emprender sea sencillo. Significa que las barreras de entrada están bajando de una manera extraordinaria.

Muchos trabajos que quizá no sean creados por las grandes empresas surgirán en pequeñas compañías, nuevos proyectos, profesionales independientes y emprendimientos capaces de producir mucho más con equipos muy reducidos. La inteligencia artificial no solo automatizará trabajo. También permitirá crear actividades que anteriormente no eran económicamente viables.

Los trabajos junior tendrán menos ejecución y más responsabilidad

Este será, en mi opinión, uno de los cambios más importantes. Al desaparecer parte del trabajo operativo, las empresas exigirán antes capacidades que tradicionalmente se desarrollaban varios años más tarde: pensamiento crítico, comunicación, capacidad para preguntar, comprensión del negocio, relación con clientes, resolución de problemas, creatividad, responsabilidad y criterio.

Eso puede ser tremendamente positivo, porque muchos profesionales jóvenes podrán acceder desde el inicio a tareas más interesantes y estratégicas. En lugar de pasar dos años copiando información entre sistemas, podrán utilizar la inteligencia artificial para realizar esa parte y dedicar más tiempo a interpretar, preguntar, proponer y aprender.

Sin embargo, también existe un riesgo. No podemos pedir criterio a alguien sin darle las experiencias necesarias para desarrollarlo. No podemos eliminar todo el trabajo básico y esperar que un recién graduado piense como un director.

El criterio no se descarga. Se construye.

Las empresas deberán enseñar de una forma diferente

Durante décadas, muchas organizaciones confundieron trabajo barato con formación. Ponían a los jóvenes a ejecutar tareas sencillas y esperaban que aprendieran observando. Ese modelo ya no será suficiente.

Las compañías tendrán que diseñar de forma mucho más intencionada el desarrollo de sus profesionales. Necesitarán ofrecer más mentoring, acompañamiento, rotaciones, participación en reuniones relevantes, contacto con clientes, simulaciones, feedback y espacios para practicar. También deberán conceder responsabilidades de forma progresiva, permitiendo que los jóvenes aprendan sin quedar expuestos a riesgos que todavía no están preparados para asumir.

Las tareas repetitivas enseñaban indirectamente. Ahora tendremos que enseñar directamente.

Las empresas que simplemente sustituyan a sus profesionales junior por inteligencia artificial pueden mejorar sus márgenes a corto plazo. Las que consigan combinar jóvenes, profesionales sénior e inteligencia artificial construirán una ventaja mucho más difícil de copiar: talento preparado para el futuro.

La educación también tendrá que cambiar

El sistema educativo continúa preparando muchas veces a los estudiantes para producir respuestas que una máquina ya puede generar. Memorizar información, repetir conceptos, completar ejercicios con una única solución, redactar textos previsibles y seguir instrucciones son actividades que pierden valor cuando una herramienta puede realizarlas en segundos.

El mercado necesitará personas capaces de formular buenas preguntas, evaluar la calidad de una respuesta, detectar errores, conectar conocimientos, explicar ideas, trabajar con otras personas, tomar decisiones en contextos ambiguos, crear confianza y aprender constantemente.

Las habilidades técnicas seguirán siendo esenciales. Nunca he defendido lo contrario. Un médico necesita conocimientos de medicina, un ingeniero debe dominar la ingeniería y un abogado debe conocer la ley. Pero una buena combinación de conocimientos técnicos y habilidades humanas será todavía más importante.

La comunicación, la creatividad, la colaboración, la adaptabilidad, la persuasión, la inteligencia emocional y el pensamiento crítico permiten que el conocimiento técnico se traduzca en impacto real.

Como repito siempre en mis conferencias, el futuro no pertenece necesariamente a quien más sabe, sino a quien mejor aprende.

¿Qué recomendaría hoy a una persona que está comenzando?

Lo primero sería dominar la inteligencia artificial. No limitarse a utilizarla para escribir textos o resumir documentos, sino aprender a incorporarla a procesos completos de trabajo. La verdadera ventaja no estará en conocer una herramienta concreta, porque las herramientas cambiarán constantemente, sino en entender cómo utilizarlas para resolver problemas y producir resultados.

En segundo lugar, desarrollaría una base técnica sólida. Para evaluar una respuesta de la inteligencia artificial necesitas conocer la materia. Sin conocimiento, la IA puede hacerte más rápido, pero no necesariamente mejor. Puede ayudarte a producir respuestas convincentes que, aun así, sean completamente equivocadas.

También buscaría experiencias reales cuanto antes: prácticas, proyectos, voluntariados, negocios propios, comunidades profesionales, trabajos freelance y problemas de clientes reales. El título seguirá teniendo valor, pero las evidencias de lo que sabes hacer tendrán cada vez más peso.

Además, invertiría seriamente en el desarrollo de Power Skills como la comunicación, la persuasión, la escucha, el liderazgo, la adaptabilidad, el pensamiento crítico y la inteligencia emocional. La inteligencia artificial puede generar una presentación, pero alguien tiene que defenderla. Puede analizar una conversación, pero alguien tiene que construir la relación. Puede sugerir una decisión, pero alguien tiene que asumir la responsabilidad.

Por último, construiría una marca personal. En un mercado en el que todos podrán producir documentos correctos, códigos aceptables y presentaciones bonitas, será cada vez más difícil diferenciarse únicamente por el resultado técnico. La reputación, la experiencia, el criterio y la confianza que una persona genera tendrán todavía más valor.

Mi conclusión es positiva, pero no ingenua

No creo que desaparezcan los trabajos junior. Creo que desaparecerán muchos de los trabajos junior tal y como los conocíamos.

Habrá menos posiciones dedicadas únicamente a ejecutar instrucciones, pero surgirán nuevas oportunidades para jóvenes capaces de aprender deprisa, utilizar la inteligencia artificial, comprender problemas, relacionarse con personas y aportar criterio.

Las empresas tendrán que proteger la escalera profesional. Las universidades tendrán que enseñar a pensar, no solamente a responder. Los líderes deberán dedicar más tiempo a desarrollar talento. Y los jóvenes tendrán que asumir un mayor protagonismo sobre su propio aprendizaje.

La inteligencia artificial eliminará algunas puertas de entrada, pero también abrirá puertas que nunca habían existido. Permitirá que una persona joven haga el trabajo que antes necesitaba un equipo, que un profesional junior participe antes en decisiones importantes, que alguien sin grandes recursos pueda crear una empresa, que el talento pese más que la geografía y que la curiosidad tenga más valor que la antigüedad.

Por eso, cuando alguien me pregunta qué ocurrirá con los trabajos junior, mi respuesta es esta:

El futuro no tendrá necesariamente menos oportunidades para los jóvenes. Tendrá oportunidades diferentes.

Y quienes se preparen para ellas entrarán en el mercado laboral con un superpoder que ninguna generación anterior tuvo: la capacidad de aprender, crear y producir junto a la inteligencia artificial desde el primer día.


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