“Mi trabajo era una farsa. Lo que significaba que gran parte de mi vida también lo era”

Por Buk:

Hace un año, Leyla Kazim decidió dejar de trabajar, pero sin renunciar. En un revelador relato publicado a través de su cuenta de Substack, Kazim narra cómo, durante diez meses, mantuvo su puesto corporativo intacto: enviaba correos convincentes, presentaba reportes brillantes y asistía a reuniones donde todos asentían.

Nadie sospechó nada porque, en el juego del trabajo moderno, el rendimiento percibido importa mucho más que el resultado real. Su experimento no solo demostró que es posible “desaparecer” en una oficina; expuso una verdad incómoda: gran parte de nuestra cultura laboral es puro teatro.

Para lograrlo, Kazim perfeccionó una serie de técnicas en donde aprendió a completar sus entregables contractuales en una fracción del tiempo (a menudo en la primera parte de la semana), cultivó el arte del “desempeño percibido” redactando actualizaciones convincentes para que su jefe sintiera que todo marchaba bajo control, y utilizó hojas de cálculo gigantescas como una “artimaña” para parecer ocupada frente a los demás.

Su objetivo no era la pereza, sino recuperar su tiempo para dedicarlo a proyectos que realmente le daban sentido a su vida.

Esta sensación de estar actuando en una obra irrelevante es lo que David Graeber en 2023 bautizó como “bullshitjobs”. Sin embargo, un reciente estudio de las universidades de Cambridge y Birmingham nos obliga a matizar esta teoría.

Tras analizar a miles de trabajadores en Europa, los investigadores concluyeron que el sentimiento de “inutilidad” no es una epidemia masiva (afecta a menos del 6% de la fuerza laboral), sino un síntoma directo de una gestión deficiente. Según los datos, el colaborador no siente que su trabajo es inútil por el cargo que ocupa, sino porque trabaja bajo una gerencia irrespetuosa, que le niega autonomía o que le impone un ritmo que le impide desarrollar su verdadero potencial.

Aquí es donde la historia de Leyla y la ciencia chocan con la realidad de Recursos Humanos. El “trabajo de mierda” no es una etiqueta que le ponemos a ciertos puestos; es el resultado de un entorno donde no se valora la capacidad del individuo para aportar ideas, donde el micromanagement ahoga el propósito y donde el “hacer parecer que trabajas” es la única forma de supervivencia.

Si hoy tu equipo sintiera que su trabajo es “inútil”, ¿asumirías la responsabilidad como líder o culparías a la naturaleza del cargo?


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